El tema es el siguiente; ayer le dimos a Tato las vacunas del año. La enfermera q se las aplicó me advirtió q al ser tres, posiblemente levante fiebre.
Había también q ponerle hielo en los bracitos, cosa de q no se les inflame. Luego de una catarata de llantos y algunos pinchazos después, mi chico valiente salió del centro de vacunación algo dolorido, pero tranquilo y con sueño.
Llegamos a casa, y le di de comer. Se fué a dormir la siesta, esas largas siestas q suele tener los días de muchas emociones juntas, como fué ayer.
En la tarde, merienda, jugar hasta el cansancio, más hielo, baño, cena y a la cama.
Eran entonces como las 23.21 (si, miré justito la hora en el celu) cuando se despertó haciendo quejidos. Yo, q estaba tirada en el sillón mirando como bailaba Male,y medio q de mala gana fuí a la habitación a verlo... parecía un pollito mojado, acurrucadito, en una esquina de la cuna, abrazando a su oso, todo pachucho... lo levanté y su cuerpito ardía. Estaba tan caliente q hasta inclusive sentí frío al despegarlo de mi cuerpo.
Le tomé la temperatura, le dí el antitermico y llamé al pediatra...tenia 39°c. Llamé tambien al padre de la criatura, cosa q estuviera en tema y sepa q nuestro pimpollo estaba marchito.
En seguida se volvio a dormir. Yo iba y venia, pensaba q era por las vacunas, después lo oía toser y dudaba. Esa noche me dolia la garganta, así q supuse q a él podría estar pasandole lo mismo.
Le ponia el termómetro, la fiebre no cedía. Me volvía a ir, lo escuchaba quejarse y corría a la habitación. Cerca de las 0.40 la fiebre había bajado, así q me pareció adecuado acostarme, sólo q estaba tan nerviosa q creo haber apagado la luz después de la 1.
A eso de las 4 y media lo escucho nuevamente. Miro y está tapado, lo toco y arde otra vez. Lo levanto y lo llevo a la cama conmigo, le doy el pecho, lo acaricio, sigue ardiendo.
De repente su inmensa blancura se pierde ante el avance de sus enrojecidos mofletes. Sus enormes ojos celestes parecen entrecerrados y su vocecita ronca es un puñal q se clava en mi corazón. Falta casi una hora para volver a darle el antitérmico, así q no queda otra q el clásico baño tibio.
Lo levanto, lo abrazo, le intento explicar lo incomprendible. Sé de su dolor, siempre detesté tener fiebre, me lo imagino soñando los mismos sueños horribles de la fiebre... esos q se repiten cuando te enfermás.
Le doy un baño, protesta. Lo visto de nuevo. La fiebre da un respiro. Lo miro, me mira, sonríe.
Me acuerdo cada vez q me siento mal, y lo único q deseo es tener a mamá al lado, cuidandome, dándome fuerzas, alentándome a salir adelante. Firme, incondicional, incluso ahora q soy adulta y q a ella los años le están quitando fuerzas.
Entonces vuelvo a mirarlo, contemplo como me mira, ahora todo tiene sentido.
miércoles, 11 de junio de 2008
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